Yo Soy Beatriz.

Transformación: cómo integras los aprendizajes de tu vida

A diferencia de otras dimensiones vitales de las que suelo hablar: abundancia, acción, creatividad, propósito y vínculos; la transformación personal es innegociable.

Es decir, el resto de dimensiones se pueden cultivar, pero en lo que se refiere a nuestra evolución personal, la vida no te va a preguntar si es lo que quieres o no.

Simplemente va a pasar.

Las experiencias de tu vida te van a sacudir y solo queda saber cómo te vas a levantar después de que todo te tire al suelo.

Por eso, la cuestión no es si esto sucede, cómo evitarlo o hacer como si nada… Sino cómo decidimos vivir la transformación.

Y aquí es donde aparece todo un universo de experiencias:

  • crisis
  • duelo
  • aceptación
  • dolor
  • creencias
  • ego
  • ser
  • pérdidas
  • cambios

Al final, la vida no te invita tanto a convertirte en alguien diferente. Sino más bien a permitir reorganizar quién eres para hallar tu auténtica versión.

Es el claro ejemplo de cincelar quitando las partes que sobran. Esas partes deben aparecer y tener cierto protagonismo en las etapas de tu vida, para que llegado el momento, sepas bien a partir de dónde debe desprenderse cada cacho de ti que ya no te permite avanzar.

Por eso, la diferencia entre quién has sido hasta ahora y quién puedes llegar a ser solo depende de si decides acompañar tu propio cambio o luchar contra él.

El poder de la transformación

Así a bote pronto, decir que a lo largo de tu vida vas a vivir experiencias que te van a cambiar, es igual de obvio como incómodo.

Cogiendo mi propio ejemplo, me viene a la mente explicarlo así…

Imagina que el pasado y el presente son dos dimensiones que conectan por una simple puerta y que al cruzarla estás en uno u otro tiempo. Ahora imagina mi “yo” de ahora cruzando esa puerta y haciendo una visita a mi “yo” del pasado diciéndole: “De aquí a un tiempo, empezarás a reconocerte en estas cosas”. Esas “cosas” están muy alejadas de esa “yo” del pasado. Así que lo más normal es que esa “yo” de entonces no se lo crea y diga: “No puede ser. Yo nunca sería alguien así”.

Ahora puedo decir que la chica que fui, es muy diferente a quien soy ahora. Es más, esa chica tenía una capacidad incansable de resistirse a los cambios.

Pero curiosamente, las experiencias que vivió, la sacudieron tanto, causándole dolor, tirones y caídas al suelo, que tuvo que encontrar la forma de levantarse y reorganizar todo ello.

Y de esa experiencia dolorosa, “nací” yo.

Y eso es lo que tarde o temprano nos pasa a todos: nos caemos y nos acercamos cada vez más a nuestra verdadera versión.

Por eso las experiencias difíciles son el motor de la transformación y es esa transformación la que más adelante nos permite darnos cuenta que la vida es en el fondo increíble.

¿Qué ocurre cuando nos resistimos?

Llega un momento en el que la vida viene a mostrarte que toca hacer cambios porque la versión que llevas siendo hasta ahora no sirve para seguir adelante.

Así que o te rindes a lo que la vida viene a mostrarte o sufres muchísimo resistiéndote a esa transformación.

Pero claro, esto es más fácil decirlo que hacerlo.

La realidad es que este proceso de crisis y cambios suele ser muy doloroso.

Es como el ejemplo de cincelar que mencionaba antes. En el sentido literal, quitar piezas es arrancar partes de un núcleo. Así que imagina este proceso aplicado a tu propio ser.

Lo normal es querer resistirse.

Nadie elige voluntariamente someterse a un gran dolor porque sí.

Solo empezamos a dejar que el dolor nos traspase cuando nos damos cuenta que es mejor atravesar un fuego que seguir cerca de él.

Pero para darnos cuenta de ello, tenemos que vivir un tiempo sufriendo. Al menos es lo que mi experiencia me dice.

Qué ocurre cuando nos permitimos transformarnos

Cuando ya llevamos tiempo deseando no sentir tanto dolor y dejar de sufrir, llega un punto de quiebre.

Es el agotamiento más primario.

Como si el cuerpo, la mente y tu mundo interior se quedasen en suspensión, vaciados después de tanto dolor y sintieses que las cosas pesan menos.

No tanto porque hayan dejado de importarte, sino porque en el tiempo que has estado resistiéndote al cambio, te has dado cuenta que este es inevitable.

Las cosas que antes se sostenían, ya no lo hacen y en el fondo una parte de ti sabe que solo queda dejar ir.

Ahí es cuando surge un aparente sentimiento de “ya da todo igual”.

Es como si el piloto automático que ha ido manejando tu vida, cambiase de inercia y ya no te pide que sigas como antes, sino que sigas de cualquier manera.

Para mí este es el punto más delicado, pero también el que más te va a ayudar a dejar espacio para la pregunta que toca hacerse: “¿Qué me está pidiendo la vida ahora?

Es entonces cuando ya no te preocupas por sostener lo que eras, sino simplemente seguir adelante.

Sin expectativas, sin control, sin tiempos.

Solo tú dejando que la vida te mueva y te recoloque en el siguiente capítulo.

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