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Todo comienza con un ratón: la técnica Walt Disney

escrito por beatriz

archivado en Creatividad , Acción

Una de las cosas que aprendí cuando trabajaba como creativa, es que la creatividad no es una habilidad que tienes, sino una habilidad que desarrollas.

Todos somos creativos. Pero no todos nos interesamos igual por dar rienda suelta a esta habilidad. Por eso, cuando hablamos de creatividad, nada es lo que parece.

Si piensas que se trata de un don, te diré que en realidad es más un tema de conocimiento y de tener un sistema. De hecho, creo que cualquier creativo lo sabe.

Si tu día a día depende de estar sacando ideas, no puedes quedarte sentado o sentada esperando a que vengan por sí solas. Poner una vela, pedir un deseo o rezar a tus guías para que te entreguen la llave de la inspiración, está bien, pero no suele ser lo que funciona.

Lo que sí funciona es estar permanentemente en contacto con la curiosidad. Interesarte por lo que han hecho otros para llegar a donde tú quieres llegar, eso sí tiene sentido.

Hay quien dirá que entonces, la idea no es tuya, sino de otra persona y que eso no tiene ningún mérito. Si quieres verlo así, adelante. De hecho, estoy de acuerdo.

Con lo que no estoy tan de acuerdo es con querer demonizar eso. Es más, quienes se han parado a hablar sobre la creatividad, te dirán que no hay que inventar la rueda. Que muchas cosas ya están hechas y guardan la misma esencia. Si acaso la creatividad se acerca a dar eternas variaciones de un mismo núcleo. Esto lo terminé de comprender cuando leí Roba como un artista - Las 10 cosas que nadie te ha dicho acerca de ser creativo de Austin Kleon.

Por eso, mi recomendación es que no le pongas barreras al monte. La creatividad se desarrolla mejor cuando compartes y cuando te empapas de lo que otros ya han compartido.

Si te cierras a eso o te exiges demasiado en encontrar la idea más genuina, pierdes.

Así que para dar ejemplo, yo hoy quiero hablar de una técnica que descubrí hace poco, llevada precisamente por la curiosidad. Se la robo nada más y nada menos que a Walt Disney por si a ti también te resulta útil.

¿Qué es la técnica Walt Disney?

Bueno quizás es más correcto decir que está técnica la formalizó Robert Dilts, pero el nombre Walt Disney le viene al pelo. Y es que todos sabemos quién es el creador de Mickey Mouse. Y más allá de eso, la referencia a Disney trae todo un universo de color a la mente. Es más, en los momentos en los que dudamos de nuestras habilidades, ya sean creativas o de cualquier otro tipo, es bueno recordar su frase “Todo empezó con un ratón”.

Porque es así.

Todas las grandes cosas, empiezan con ideas simples. Tan simples que en el momento de exponerlas pueden sonar absurdas, pero cuando se ve lo que han dado de sí, inspiran.

Por eso te traigo esta técnica, porque es rematadamente sencilla y revela un proceso natural creativo.

Ponte los 3 sombreros

El objetivo es explorar una idea desde tres enfoques distintos: el soñador, el realista y el crítico. Y aunque esta técnica se usa mucho en equipos de trabajo, una persona puede emplearla en cualquier momento para tomar una decisión, pensar en un proyecto o desarrollar cualquier tipo de idea. De hecho, puedes pensar en este enfoque como personajes. Te imaginas siendo cada uno y respetas sus reglas.

1. El soñador

Aquí no hay límites. No se juzga nada y como en un sueño, todo tiene sentido, aunque no lo tenga realmente. No hay que justificar la idea, ni darle mayor recorrido, solo lo que tú quieras que sea. Las preguntas que resolver con este enfoque son:

  • ¿Y si todo fuera posible?
  • ¿Cómo sería la versión ideal?
  • ¿Qué me gustaría crear de verdad?

Hazte estas preguntas y escribe las respuestas en algún lugar. Hazlo sin pensar demasiado. Y si te parece que suena absurdo, mejor. Los sueños son muchas veces eso, absurdos.

Ahora, por poner un ejemplo porque siempre viene bien, vamos a pensar en la simple idea de independizarse.

Aquí nos ponemos el sombrero de soñador y contemplamos el sueño:

  • “Tendría mi propio espacio”.
  • “Podría decorarlo como quisiera”.
  • “No tendría que compartir el espacio ni dar explicaciones”.
  • “Me sentiría una persona más independiente, más responsable, más autónoma”.
  • “Sería una experiencia para crecer”.

No importa si es posible o no. Solo importa la visión.

2. El realista

Aquí vuelves un poco a tocar el suelo y bajar la idea a tierra para dar con un plan que te permita alcanzar el objetivo que persigues.

Las preguntas que resolver con este enfoque:

  • ¿Cómo se hace?
  • ¿Qué pasos necesito?
  • ¿Qué recursos tengo?

Retomando el ejemplo anterior, empiezan a surgir las cuestiones más realistas.

  • “¿Cuánto cuesta el alquiler?”
  • “¿Cuánto podría ahorrar o cuánto necesitaria tener ahorrado?”
  • “¿Qué zonas son mejores para mi estilo de vida y cuáles me puedo permitir?”
  • “¿Qué pasos tendría que dar durante los próximos seis meses?”
  • Si te fijas son preguntas que lejos de leerlas como problemas, conviene leerlas como retos. No tanto para “hundir” el plan, sino más bien para ubicarlo y construir una estrategia.

3. El crítico

Este es el “agua fiestas” necesario.

Las preguntas que resolver con este enfoque:

  • ¿Qué puede salir mal?
  • ¿Qué estoy ignorando?
  • ¿Qué riesgos existen?

Y aquí te lo puedes imaginar:

  • “¿Y si me quedo sin trabajo?”
  • “¿Y si he calculado mal los gastos?”
  • “¿Y si el alquiler sube?”
  • “¿Y si tengo que usar mi colchón para imprevistos y me quedo sin ahorros?”

Aquí, todo depende de cómo te lo tomes. Si llegas hasta el crítico y la conclusión que sacas es un “no debería moverme”, estás diluyendo tu espíritu creativo-creador.

Me gusta como lo dicen los ingleses. Para ellos no hay problemas, hay “issues”. Es decir retos que enfrentar. Por eso, el crítico no trata de destruir la idea, sino de fortalecerla. El soñador imagina una vida diferente. El realista encuentra el camino para llegar a ella. Y el crítico señala los agujeros que podrían hundir el plan. Con el fin de prever, no de desechar tus sueños.

La mejor forma de NO ser Walt Disney

La mayoría de las personas mezclan los tres enfoques. Empiezan soñando y se paran porque enseguida entra el crítico en acción, ni siquiera el realista. Solo se quedan en que las cosas pueden salir mal por mil motivos.

Cuando en el fondo, solo necesitas un buen motivo para hacer las cosas. La creatividad habla de eso: de una manera de expandirnos dando forma a lo que queremos lograr.

Por eso la creatividad no es solo una habilidad con la que pasar el rato. En el fondo es una forma de acercarnos más a lo que queremos lograr en la vida. Es el paso previo a crear algo.

Lo interesante de esta técnica no es que sea en sí muy obvia. Sino que lo que te invita es a separar cada fase. Es la tarea más simple y la que más cuesta. Pero lograr que tu cerebro no se adelante a los problemas para así desechar una acción creativa, es la clave del éxito personal.

Por eso es importante seguir el orden: primero sueñas, luego construyes y solo al final criticas. Y con ello te evitas dos potenciales problemas:

  1. Matar una buena idea demasiado pronto.
  2. Quedarte soñando eternamente sin ejecutar nada.

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